EXPLORANDO EL ZOCO DE MUTRAH
"Un laberinto de tesoros escondidos"
Avanzo despacio por un paseo paralelo al mar, a mi alrededor la gente camina sin prisa, se para en los muros que separan el mar de esta hermosa tierra y contempla los barcos anclados en la bahía, una garza real se afana en conseguir algo de comida mientras el muecín hace la llamada a la oración por la megafonía de las mezquitas de Murtrah, cruzo una carretera atestada de vehículos y desde donde me detengo veo la entrada al zoco. En unos minutos penetro en uno de los mercados más antiguos del mundo árabe, no eres consciente de ello pero a este Zoco le contemplan siglos ligados al comercio marítimo entre culturas, países, continentes, y desde ellos llegaban mercancías de diversas partes del mundo.
Aquí en Mutrah al Zoco todos lo conocen como "Al Dhalam Souq", que se traduce como el mercado sombreado o el mercado de la oscuridad. Cuando entras te das cuenta perfectamente del significado de ese nombre y de que realmente le hace justicia, sus callejuelas, estrechas y cubiertas aún lo delatan, aunque cuentan que antiguamente esa sensación de sombra y oscuridad aún era más intensa ya que la luz del sol apenas penetraba en ellas.
Al sumergirte en los estrechos callejones pierdes el sentido de la orientación, eres un barco a la deriva que navega por las estrecheces de las callejuelas entre comercios y la voz de los que venden, ofreciéndote todo tipo de mercancías, uno se siente invadido por los sentidos, todos y cada uno de ellos percibe, siente, huele, escucha, ve, disfrutan por igual en un universo de venta y regateo, de una experiencia sensorial inmersiva, dominada por el olor del incienso (Olibano) tradicional que recorre todo el zoco con su aroma dulce, balsámico; el humo es tan intenso que alguno de los callejones cuesta ver un poco más allá de la tienda donde te encuentras. Te sientes embriagado por la fragancia d los perfumes árabes con aroma a aoud (madera de agar) y almizcle, por los colores y olores de cientos de especias exóticas como el azafrán, cardamomo, canela, clavo y otras especias típicas de Oriente y también por el delicioso y embriagador olor del kahwa, café aromatizado con cardamomo, que a menudo te ofrecen como símbolo de hospitalidad. Son cientos de olores que te llegan a la vez, que llegan a los receptores olfativos de tu nariz y que tu vista busca en ese mar de tiendas multicolor.
El tiempo vuela allí dentro, de repente ves que has pasado por la misma tienda, dos, tres veces, sientes el deseo de seguir explorando, de escuchar las ofertas que te hacen, de regatear por cualquier mercancía, de perderte dentro de una tienda mirando todo lo que cuelga del techo. Leí en una guía local que el zoco es como un túnel del tiempo con techos de madera pintada y luces colgantes, y que cierto.
Tienes la sensación de estar en un lugar caótico, callejones bidireccionales, donde te cruzas con gente constantemente, donde los gritos de un tendero se superponen a los de los otros, donde un cliente regatea y otro hace lo mismo a un metro escaso cada uno del otro; un lugar aromático donde el olor del incienso esta omnipresente, flotando en el aire de todos y cada uno de los callejones mezclado con el aroma de todo lo que allí se vende. Y un lugar auténtico porque mantiene la esencia de un mercado árabe tradicional (suq) cubierto, siendo un bullicioso centro de la vida local omani.



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