BOSQUE DE MUSGO Y RIO
"Creer en las hadas es entrar en un espacio encantado en el que la mente racional se encuentra con el corazón irracional, y todo se hace posible".
Brian Froud
El musgo lo cubre todo, después de unos minutos aquí casi siento que también que mi cuerpo se esta cubriendo de este vegetal carente de tallo y hojas que cubre los árboles de mi camino, también las piedras que lo bordean aparecen cubiertas de esta planta tan antigua, dicen que tiene entre 75 y 400 millones de años de antigüedad, ¡ahí es nada!.
El camino discurría tan pegado al río que su bramido silenciaba mis pasos y también el canto de los pájaros que se atrevían a ramear en aquella mañana tan fría, las crujientes hojas desprendidas de los árboles mullían un suelo humedecido por la lluvia constante de los días pasados.
Cada árbol de aquel bosque de ribera sobreviviente a una creciente invasión de las plantaciones no muy lejanas de eucalipto y pino era un espectáculo por si solo, sus ramas eran un espectáculo alzándose en la búsqueda de la luz del sol, hoy ausente, más bien parecían bailarinas de ballet ofreciendo su impresionante danza a aquellos que quisieran contemplarlo.
Hay muchas veces que no todo lo captura la cámara sino que es el ojo el que percibe, el que intuye, el que observa y en eso que una pequeña comadreja sale de su escondite entre el musgo y corretea unos segundos no muy lejos de donde yo me encuentro, lo cuento, como no contar tal descubrimiento, la magia de la naturaleza.
Tengo la impresión de que en cualquier momento, de cualquier rincón, de detrás de un árbol o una piedra puede salir un gnomo, un hada, un duende, un trasgu o tal vez una xana que ande lavando su ropa en el río, mis pasos se retienen conscientemente, como vas a caminar deprisa por un lugar como así con tanto por ver, con tanto por admirar.
Alguna veces, muchas, cuesta describir con palabras lugares así, tan hermosos, tan llenos de vida, podía dejar que admiraseis tranquilamente las fotografías, lo ojos contemplan, a veces tenga la sensación de que no captan todo, hay tantos detalles a cada paso.
El bosque es extraordinario, una vez leí que el bosque da sombra al tiempo, que frase más cierta, el tiempo para nosotros pasa a una velocidad asombrosa, para ellos en la quietud del bosque apenas es un soplo en su larga vida, acebos, castaños, robles, madroños, abedules, alisos...
Asciendo y desciendo cuando el camino lo hace elevándose o acercándose al río, las ramas entretejen una madeja que asemeja la de las telas de araña, alzándose libremente en el aíre buscando un cielo que hoy está oscurote y no parece que el sol salga para calentar un poco esta desapacible mañana otoñal.
Poco le importa al cuerpo que alegremente va al compás que le marcan el camino, alegre de ver tanta belleza, distraído por el agua, el musgo, las hojas crujientes del otoño, los pájaros que salen a recibirle mientras camina y el agradable esfuerzo de ascender y descender cuando el camino lo hace.
Los árboles son santuarios, dijo el poeta suizoalemán Herman Hesse y que razón tenía, cada uno de ellos es un santuario único que se alza libremente sin que a ninguno de los demás le importe, sus ramas se alargan o se acortan, giran o bajan, suben o permanecen rectas, da igual, carece de importancia en un bosque en el que todos los árboles son libres de actuar como deseen.
A medida que voy subiendo, el río se vuelve más salvaje, el agua se agita descendiendo ladera abajo, el torrente caudaloso apenas me deja oír, los árboles van creando un bóveda con sus ramas intentando alcanzar las de la otra orilla, me detengo y me quedo mirando extasiado, que tremendo espectáculo me está regalando la naturaleza.
Entonces llego a una antigua edificación, el musgo ha cubierto por completo lo poco que ya queda de una antigua casa, los arboles han invadido su estructura creciendo en lo que antes eran habitaciones, cocina o la sala de estar de aquella casa. Permanece la escalera de piedra cubierta de hojas caídas de las ramas de los árboles, la naturaleza siempre recupera lo que es suyo.
Camino unos metros más alejándome de lo que es el camino, me interno el bosque hasta subir a un lugar elevado y allí me siento al lado de un árbol que tal vez no sea solo uno, sino tres, cuatro, cinco árboles que casi unidos se elevan hacía el cielo, debajo mía, muy abajo el agua del río sigue descendiendo atropelladamente, aquí se hace imperceptible el sonido, un pequeño petirrojo se posa en una de las ramas cubiertas por el musgo, me quedo contemplándolo y el a mi, de repente se pone a cantar, ofreciéndome un concierto gratuito en un lugar indescriptible, al poco se va y yo bajo por el bosque buscando el camino para volver sobre mis pasos y volver a disfrutar del recorrido.
Hans Christian Andersen decía que "todo lo que miras puede convertirse en un cuento de hadas y puedes obtener una historia de todo lo que tocas", imaginad aquí en este bosque de musgo y río.














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