AQUELLOS DÍAS DE VERANO


"El valor es hijo de la prudencia, no de la temeridad".

Pedro Calderón De La Barca




Me quedé allí sobre aquellos acantilados, debajo dos enormes rocas servían de trampolín improvisado a una cuadrilla de niños que jugaban a realizar el más acrobático de los saltos para introducirse en aquel mar calmado, a ellos y a mi nos sobrevolaban las gaviotas que como yo eran meras observadoras de sus bravuconadas, todos y cada uno de ellos fueron pasando por lo más alto de la roca y arrojándose a aquella mar que les esperaba unos con mayor éxito que los otros mientras todos contemplaban cada uno de sus saltos, desde la misma mar, subiendo por la roca o esperando en la fila para realizar el salto y al acabar elegían el que para su gusto había sido el mejor de ellos y así volvían una y otra vez a aquella rueda de bravuconadas y más saltos mientras yo en lo más alto de la roca recordaba aquellos tiempos en los que yo como ellos aguardaba mi turno para saltar mientras susurraba: más vale saltar ¡salta!


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