LA MUERTE DE UN HADA
Aquella fresca mañana del primero de noviembre la noticia comenzó a recorrer el bosque galopando a lomos del viento desde que los primeros rayos de luz comenzaron a aparecer por encima de las montañas, él había sido el primero en descubrirla, muerta sobre aquel pequeño charco y como poseído comenzó a recorrer todos los rincones de aquel bosque susurrando a hayas, robles, serbales, castaños y demás árboles aquella desagradable noticia, los árboles se encargaron de contarla a musgos, setas, líquenes y a las pocas flores que aún quedaban en el bosque, la noticia ya casi volaba más deprisa que aquel viento que continuaba llevando la desagradable noticia a los oídos asombrados de ciervos, corzos, zorros, lobos y de todos aquellos que se detenían para escucharlo, fue así como también me llegó a mi que paseaba por el bosque aquella fresca mañana del primer día de noviembre, lentamente fuimos acudiendo a ese pequeña charca donde el hada se había quedado dormida para siempre, algunas hayas habían dejado caer de sus ramas a las más hermosas de sus hojas que la engalanaban, mientras poco a poco a su alrededor nos íbamos agolpando todos los que la habíamos conocido, recordando aquel día que aquella hermosa hada apareció por primera vez en el bosque, ganándose el corazón de todos los que la contemplaban mientras lo recorría con sus pequeñas alitas de color blanco; y fue así como aquella fresca mañana del primero de noviembre el bosque lloró por la muerte de una de sus hadas.
Carlos


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