ZORZAL COMUN
Y surgió de repente, fue lentamente elevándose del suelo en el justo lugar en el que yo me encontraba, sus oscuros ojos contemplaban el bosque, la frondosidad de las hayas, aquel arroyo cercano que no dejaba de cantar, la verde hierba, las pequeña mariposas que se iban posando en cada flor, tranquilo fue dejando que el viento le despejase de los plumones aún adheridos a sus plumas y la misma curiosidad con la que yo lo contemplaba lo hacía el, apenas fueron uno minutos, cuando yo me iba el seguía en su atalaya, en aquella haya justo al lado del camino que yo recorría aquella mañana de mayo.
El Zorzal común (Turdus philomelos), es un ave de tamaño medio (20-22 cm), que presenta tonos claros, blanquecinos en el vientre y de un color ocre amarillento en el pecho, y aparecen profusamente tachonadas por motas en forma de cuña que, en la zona del cuello. Suele desplazarse por el suelo, aunque se posa en la parte más alta de arbustos y árboles para cantar. A menudo emite como reclamo un fino sonido, parecido a un zit, agudo y suave. La voz de alarma es un chuc-chu-chu-chuc, nervioso y estridente, mientras que el canto, melodioso, incluye secuencias repetitivas de dos notas diferentes gorjeantes y aflautadas.
Las poblaciones reproductoras se instalan en enclaves con clima templado y húmedo. En nuestro país, la especie se distribuye de manera bastante homogénea por todo el tercio norte peninsular y de forma más dispersa por las principales cordilleras del centro, mientras que en el sur resulta muy rara. Las poblaciones invernantes, sin embargo, se extienden por toda la Península. La especie falta en Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla como reproductora, pero sí ocupa esas áreas en invierno.
Consume gran variedad de invertebrados, pero muestra una especial predilección por los caracoles, cuya concha rompe sobre una piedra o una rama. En otoño e invierno su dieta se hace más vegetariana e incluye frutas, bayas y semillas de todo tipo, tanto silvestres como cultivadas. Durante la reproducción ocupa zonas boscosas densas con abundancia de sotobosque, en cotas que van desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros de altitud. Menos selectivo en invierno, frecuenta zonas forestales mucho más abiertas, formaciones arbustivas y campos de cultivo. En el tercio norte de España se detectan elevadas concentraciones de zorzales en bosques con abundante acebo, mientras que en el resto del país llegan a ser muy numerosos en los olivares.
El periodo reproductor de estas aves es prolongado, ya que puede iniciarse a finales de febrero o primeros de marzo y concluir, en las parejas más tardías, a finales de agosto o principios de septiembre, si bien lo habitual es que comience en el mes de abril. La construcción del nido corre a cargo de la hembra, que suele instalarlo en la horquilla de un árbol o arbusto, en alguna repisa rocosa protegida por vegetación o, incluso, en el suelo. Para su confección utiliza raíces, hierbas y ramitas que teje hasta formar una consistente y compacta taza, reforzada con barro y tapizada internamente con materiales más suaves. La puesta consta de tres a cinco huevos de color azul claro y muy moteados, que generalmente incuba la hembra durante 10-17 días. Los pollos nacen en mayo o junio y son alimentados por ambos progenitores durante 11-17 días. Es habitual que las parejas realicen dos o tres puestas, e incluso, de forma extraordinaria, cuatro; de ahí su amplio periodo reproductor.
Fuente: Seo/BirdLife


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