EL MASTIN
Tierra de lobos, tierra de mastines
Ninguno de los dos recorrimos la corta distancia que nos separaba cuando nos vimos, respetábamos hasta el aíre que respirábamos mientras yo cruzaba lentamente por aquella calle pavimentada en piedra y en mis oídos continuaban rebotando sus potentes ladridos que chocaban una y otra vez contra aquellas paredes de piedra y como no me quedaba más remedio que pasar por allí iba pensaba en voz alta intentando aumentar nos de que forma los metros que me separaban de su enorme cabeza, iba tan pegado al muro de piedra que aún hoy sigo quitando piedrecitas de mi chaqueta, y mientras él me miraba indiferente, como cansado de contemplarme apenas me prestaba atención aunque yo sabía que no me quitaba ojo mientras aceleraba conscientemente cada uno de mis pasos para poder alejarme de allí ya que en esta tierra de lobos el que manda es el mastín.

Comentarios
Publicar un comentario